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RIGOBERTO LEWIS

Diseñador de carros alegóricos por 54 años

El pueblo mazatleco reconoce en el desfile de carnaval uno de los momentos centrales del festejo, como acto fundamental en el que se resume la totalidad de los elementos que componen la fiesta.

A partir de1960 el talento del Dr. Rigoberto Lewis se impuso en el diseño de los carros alegóricos, con sus formas preciosistas, de molduras casi arquitectónicas cargadas de una especie singular de barroquismo decorativo, muy atractivas para el gusto popular.

Rigo Lewis fue personaje clave para sacar el carnaval de Mazatlán del nivel de una fiesta regional. La televisión, personificada en el productor y conductor Raúl Velasco, ofreció una oportunidad que aprovechó el creador para desplegar su ingenio en tamaños y coloridos no explorados antes en los carnavales mazatlecos, incluso nacionales; y, de ese modo ayudó a conseguirle a nuestra fiesta la categoría de “Carnaval Internacional de Mazatlán”. Desde entonces, se forjó la convicción de que nuestro carnaval figura entre los más conocidos del mundo.

La permanencia de Rigo Lewis en la confección de las carrozas y buena parte del resto de los carros, de manera casi ininterrumpida durante 55 años, hablan del enorme reconocimiento social que gozaba gracias a la aceptación casi unánime de sus obras efímeras en el gusto popular.

El aplauso que año con año el público le ofrecía al paso de la carroza de la reina del carnaval es prueba incontrastable del aprecio generalizado por su trabajo artístico. Hoy, es indiscutible su legado: un estilo irrepetible que hizo época y que se considera como el propio de nuestro carnaval.

Contaba que había empezado a involucrarse en esas tareas, casi como travesura, desde sus años como preparatoriano. En 1956 tuvo su primer acercamiento con el Ingeniero Leopoldo Reyes Ruiz “Pepegrillo”, quien recién se había estrenado como Director del Carnaval, luego de haber presentado una alegoría durante el desfile estudiantil del 20 de noviembre. Para 1960, Lewis consiguió que le asignaran la construcción de la Carroza Real, labor en la que se especializaría en lo sucesivo.

Con el paso del tiempo, su ingenio lo llevó a introducir cambios significativos en el diseño de las alegorías rodantes, que fueron desde la adaptación de materiales y colores; en la ubicación de la soberana en función de su rol, para tratar de conseguir el mayor impacto visual posible a los ojos de los súbditos carnavaleros; la trasformación de las bases o plataformas para ganar grandilocuencia mediante la profusión de adornos; y, el aprovechamiento de la iluminación para crear juegos de sombras y luminosidades feéricas llamativas.

En cada participación se forjaba un nuevo reto. Podía repetir el referente temático en el diseño de las carrozas, eso sí, nunca de un año a otro; pero, siempre sorprendía al público con variaciones notables que volvían distinto cada carro.

El precio de sus obras se volvió asunto de la mitología carnavalera. El valor estimativo que el público le atribuía y los eventuales reclamos públicos del creador por adeudos vinculados a su contratación, le promovieron una imagen de enriquecimiento que contrastaba con su estándar de vida y su forma de trabajo. Era un aficionado a coleccionar antigüedades de valor artístico; pero su devoción por el carnaval lo llevó a invertir buena parte de los recursos económicos que consiguió a lo largo de su vida en reunir un importante acervo documental, fotográfico y material sobre nuestra máxima fiesta, que esperaba entregar para la formación del Museo del Carnaval; respecto al que sus herederos deberán determinar su destino.

Rigoberto Lewis se fue el 9 de enero y fue despedido, acompañado por la tambora y al ritmo de “Los Papaquis”, porque así lo pidió y para resaltar sus aportaciones significativas a la historia del carnaval mazatleco.

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